Las actividades para esta etapa de corrección de la dislexia tratan de salir al paso de estas dificultades, siguiendo la línea marcada en las anteriores, a la vez que suponen un mayor grado de complejidad. Dichas actividades se centran sobre los siguientes aspectos:

Ejercicios de actividad mental: Seriaciones: Gráficas y numéricas de complejidad creciente tanto ascendentes como descendentes y combinadas. Atención y memoria: Comprenden ejercicios de completamiento de escenas, detección de diferencias, tachado, así como de atención y memoria auditivas. Discriminación: Incluyen ejercicios de fondo-forma, de semejanzas y diferencias, ampliando la intervención verbal hasta que ésta sea la que predomine.

Ejercicios psicomotrices: Las nociones senso-perceptivas básicas se dan por aprendidas, por lo cual ya no se hace hincapié en ellas, si bien se siguen trabajando mediante ejercicios de color, tamaño, etc. En cuanto el conocimiento del esquema corporal conviene, en un principio, comprobar hasta qué punto ha automatizado las adquisiciones de los niveles anteriores para, en caso de que no las domine, empezar por las más elementales. Si ya están totalmente superadas se continuará con el aprendizaje de: Nociones espaciales en el cuerpo de otra persona, situaciones de los objetos con respecto a otra persona, localización de los objetos y sentido de la dirección de los mismos. Dada la importancia del movimiento como refuerzo de la percepción, es conveniente realizar ejercicios motrices sobre: cálculo de distancias, equilibrio estático y dinámico, y relajación. Respecto a la orientación espacial, una vez asimiladas las nociones de arriba-abajo, izquierda-derecha, etc., de un modo estático los ejercicios deben orientarse a facilitar a los niños su comprensión de posiciones relativas, añadiendo además una proyección dinámica y direccional. Para mejorar la orientación temporal, se realizan ejercicios de interpretación de relojes y cálculo de la duración del tiempo. Junto a las actividades con relojes se añaden otras de lenguaje fundamentadas en la utilización correcta de los tiempos verbales. Ejercicios de lenguaje: Se dirigen a su perfeccionamiento: aumento del vocabulario, empleo correcto de términos, mayor fluidez verbal y elaboración de frases de modo ordenado. Esto se debe hacer de forma oral y escrita, atendiendo tanto a la expresión como a la comprensión. Difícilmente se podrá llegar a una comprensión lectora si no se manejan con agilidad y precisión los términos verbales. Estos ejercicios se deben simultanear con los de lectura y escritura. Ejercicios de lectura y escritura: Se cuenta en este nivel con un conocimiento de las sílabas directas, por lo que ahora se debe reforzar el estudio de las inversas y compuestas, que resultan más difíciles y se prestan a realizar las inversiones características de la dislexia. La lectura no debe limitarse al mero reconocimiento de silabas, sino que se debe intentar una lectura comprensiva, buscando palabras en las que intervengan estas silabas, ya no en una asociación palabra-objeto, como en el nivel precedente, sino dentro del contexto de una frase o párrafo.

Los ejercicios de escritura son paralelos a los de lenguaje y lectura. Se trabajará de forma escrita sobre el completamiento de frases, ordenación de letras y palabras, descomposición de palabras, etc. También, dadas varias palabras escritas sin separación, el niño y la niña deberá aislar unas de otras. Tanto cuando se trabaja con palabras como con frases, se aconseja dar a los niños cartulinas y/o rompecabezas con las letras o las palabras independientes, para que haga primero la ordenación de forma manipulativa. La metodología del cuaderno está realizada alternando un tipo de ejercicios con otro, de modo que los niños y niñas hagan el trabajo de forma variada y lo más amena posible, en un orden progresivo de dificultad. Cuando se observe que al niño o a la niña le cuesta realizar un tipo de actividades se insistirá en ellas, repitiendo o elaborando otros ejercicios semejantes hasta su superación.

En todos los niveles, pero en esta edad, de modo imprescindible, el niño o la niña deben trabajar de una forma dinámica que le permita moverse, actuar y manipular. Aunque parezca obvio, queremos hacer unas recomendaciones para evitar dos errores que hemos comprobado experimentalmente que se cometen con frecuencia: No se debe dejar que el niño o la niña trabaje solo, sino que hay que ayudarle y dirigirle en sus actividades. Se debe procurar que no haga un trabajo excesivo de papel y lápiz, ya que su utilización es más propia de etapas posteriores de aprendizaje.

Con respecto a las instrucciones que se dan en cada página, deben ser leídas y explicadas por el profesor, ya que se entiende que el niño o la niña todavía no saben leer. Las actividades deben hacerse siempre en un clima de motivación positiva, incluso, si es posible, lúdico. A lo largo del cuaderno, en ocasiones, se indicará que se realicen actividades del ANEXO. Estas actividades, en su mayoría, son de picado o de recortar, por lo que es conveniente que el niño o la niña las haga varias veces hasta que el profesor o tutor considere que las realiza de forma correcta.

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